BNamericas – Entrevista
La transición energética y la electrificación de la economía global están modificando aceleradamente el mapa de los minerales críticos. En este escenario, el cobre ocupa una posición estratégica y Chile y Perú, dos de sus mayores productores mundiales, enfrentan la oportunidad de avanzar hacia una nueva etapa de integración minera e industrial.
En una reciente entrevista con BNamericas, Carlos Escaffi, CEO de Relaxiona Internacional, planteó que el próximo desafío para ambos países ya no debería concentrarse únicamente en aumentar la producción o competir por la exportación de concentrados, sino en desarrollar un ecosistema binacional capaz de capturar una mayor proporción del valor generado por el cobre..
Chile y Perú representan conjuntamente alrededor del 37% de la producción mundial de cobre. Sin embargo, una parte importante del procesamiento, refinación y transformación industrial del mineral continúa realizándose fuera de la región. Esta brecha entre capacidad productiva y generación de valor constituye precisamente el punto de partida de la propuesta de una Zona Franca del Cobre chileno-peruana.
La iniciativa apunta a pasar de décadas de competencia minera hacia un modelo de integración productiva, capaz de atraer nuevas inversiones y desarrollar industrias vinculadas al procesamiento y manufactura del cobre. Bajo este esquema podrían producirse ánodos, cátodos, barras, cañerías y otros insumos destinados a sectores como la electromovilidad, la electrificación y la infraestructura energética mundial.
La propuesta no se limita a una ubicación geográfica específica. Escaffi plantea una visión articulada de las principales regiones mineras del sur de Perú y norte de Chile, incluyendo territorios como Atacama, Antofagasta, Iquique, Arica, Tacna y Arequipa, aprovechando las franjas geológicas y capacidades productivas que ambos países comparten.
Un componente central sería el desarrollo de infraestructura estratégica binacional. Entre las posibilidades mencionadas se encuentran un ferrocarril del cobre entre ambos países, plantas desalinizadoras, plantas metalúrgicas y nueva infraestructura de conectividad destinada a integrar las cadenas de suministro mineras.
La zona franca también permitiría articular un ecosistema de proveedores especializados en automatización, inteligencia artificial, innovación y economía circular, incorporando a empresas tecnológicas y de servicios dentro de una cadena de valor minera más sofisticada.
”Chile y Perú no deberían competir por producir más concentrados, sino enfrentar juntos el desafío de capturar una mayor parte de la cadena de valor
Carlos EscaffiDirector, Relaxiona
De esta manera, el objetivo no sería simplemente aumentar el volumen de cobre producido, sino aprovechar la posición minera de ambos países para generar mayor industrialización y valor agregado en origen. Ello implicaría fortalecer las capacidades regionales de fundición, refinación, manufactura y desarrollo tecnológico.
En el caso peruano, este desafío resulta especialmente relevante. La entrevista señala que, pese a la importancia histórica de la fundición de Ilo y del Complejo Metalúrgico de La Oroya, una proporción significativa del concentrado producido en Perú continúa siendo fundida y refinada en otros países. Incluso considerando proyectos de expansión de la capacidad de fundición en Ilo, Escaffi sostiene que todavía existe espacio para desarrollar una estructura industrial considerablemente mayor.
La dimensión de la propuesta es también geoeconómica. Para Escaffi, una plataforma productiva integrada otorgaría a Chile y Perú una mayor capacidad de posicionamiento internacional frente a una economía mundial que requerirá cantidades crecientes de cobre y otros minerales críticos.
Este nuevo modelo de relación podría incluso introducir el concepto de “co-prosperidad” entre ambos países: una integración económica y comercial orientada a generar beneficios compartidos a partir de sus recursos naturales, capacidades productivas, infraestructura y conocimiento minero. El vigésimo aniversario del acuerdo de libre comercio entre ambos países constituye, en este sentido, una base sobre la cual profundizar la integración.
La entrevista también destaca que los grandes proyectos mineros actuales son cada vez más difíciles de comprender exclusivamente desde una lógica nacional. Yacimientos, inversiones, corredores logísticos y cadenas de suministro atraviesan fronteras y requieren mayores niveles de cooperación regional. Proyectos integrados como Vicuña, en la frontera entre Chile y Argentina, son señalados como una muestra de esta tendencia.
Para llevar la Zona Franca del Cobre desde el plano conceptual hacia una iniciativa concreta, el primer paso tendría que ser el desarrollo de estudios técnicos, económicos, logísticos, tributarios y regulatorios. Posteriormente sería necesario convocar a gobiernos, compañías mineras, inversionistas, proveedores, universidades, centros tecnológicos y organizaciones especializadas de ambos países.
Escaffi propone además la conformación de una mesa técnica binacional, liderada por las autoridades mineras de Chile y Perú y acompañada por el sector privado, potenciales inversionistas, universidades y entidades como los institutos de ingenieros de minas de ambos países. La finalidad sería analizar la factibilidad económica de la iniciativa y avanzar eventualmente hacia un proyecto piloto.
La propuesta se inserta en un contexto más amplio para la minería peruana. Durante la entrevista también se abordaron desafíos como la necesidad de estabilidad institucional y regulatoria, mayor eficiencia en los permisos, fortalecimiento del diálogo con las comunidades y generación de mejores condiciones para acelerar las inversiones mineras.
Asimismo, se discutió la necesidad de avanzar en la formalización de la pequeña minería y minería artesanal y de desarrollar un sistema que eventualmente sustituya al Reinfo, estableciendo requisitos claros en materia ambiental y mecanismos de asistencia para los operadores que busquen formalizarse.
Más allá de estos desafíos nacionales, la Zona Franca del Cobre plantea una visión de más largo plazo: que Chile y Perú aprovechen la transformación de la economía mundial para dejar de ser únicamente grandes productores de recursos minerales y convertirse también en plataformas industriales, tecnológicas y logísticas vinculadas al cobre.
La transición energética está abriendo una ventana excepcional. Ambos países cuentan con recursos minerales, experiencia productiva, proveedores especializados y una posición estratégica frente al Pacífico.
El siguiente desafío consiste en transformar esas ventajas en una cadena regional de mayor valor agregado, capaz de atraer inversión, impulsar innovación y fortalecer la posición de Chile y Perú dentro de la economía mundial de los minerales críticos.
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Publicado el 31 de agosto de 2026.


